jueves, 22 de diciembre de 2011

Oscuridad

Una profunda oscuridad sin luna reinaba silenciosa,
Y yo, la única ocupante de este ataviado carruaje, exceptuando al cochero y a las seis yeguas de pura raza que el conducía, empezaba a desperezarme tras haber dormido durante el día en el incomodo asiento.
Sin nada mas que hacer me dedique ha observar a través de la ventanilla.de repente, y sin pensarlo, regresó a mi mente las palabras de mi abuelo que, con esa extraña carta, me comunicaba que no parara en ningún tramo del camino.
¿Pero por que? embarcaríamos dos semanas después y no había razón o causa aparente para que no pudiera parar para dormir un rato, o para cambiar las yeguas incluso.
Creo que estuve largo rato pensando en ello hasta que, a lo lejos, vi un pequeño, un ínfimo destello luminoso.
Al no repetirse m despreocupe de esto.
Luego de media hora aquel se volvió insistente, pero ya no era un destello que pudiera atribuir a un desliz de mi vista o mi mente, ambas muy poco lucidas por el viaje. Estaba mas cerca, a unos diez metros del carruaje. de repente vislumbre en el camino, delante de las yeguas un hombre que gesticulaba sin dudas para que paráramos .
El conductor le hizo caso y al estacionarse al lado de aquella extraña persona le pregunto cortésmente si necesitaba ayuda
-¡no!!No !no necesito nada pero por lo que mas quieran no detengan el carruaje a nadie mas hasta que amanezca! no lo hagan!
Tras esta advertencia salio corriendo como condenado a través de los campos que lindaban el sendero. Antes de desaparecer me percate de que su levita azul estaba desgarrada y que la camisa estaba ensangrentada.
Continuamos camino sin prestarle demasiada atención a este extraño personaje durante una interminable hora hasta que el coche se detuvo otra vez.
El cochero hablaba con alguien pero muy quedamente, por lo cual no pude apreciar mucho de su conversación. Se abrió la puerta del carruaje y se asomo la persona más bella que he conocido. Su cabello rubio estaba elegantemente sujeto en la nuca con una cinta y sus vestiduras dejaban notar la alta posición social en la que este ser se encontraba. Su levita roja adornada con hilos de oro y piedras preciosas, al igual que sus zapatos. La camisa era de la mas exquisita seda, pero sobre todo esto no podía admirar otra cosa que no fuera su belleza natural .sobresalían sus marcados pómulos y sus penetrantes ojos pardos, enmarcados con una bella hilera de pestañas, sus cejas y su gesto resultaban perspicaces y su boca era como uno de los rubíes que se encontraban en sus anillos; perfectamente pulida, suave y dura a la vista y de un rojo impresionante.
Aquel ser me deslumbro y no pude decir algo coherente durante medio minuto, solo balbuceaba algo como ángel o divino.
Luego de recuperar la compostura me presente:
-Britannia Mesina Livingston, de Ipwich, Inglaterra a su servicio-y con una voz deslumbrante y acampanada me respondió
- Jensen Iepocrif Brukner, de Bremen Alemania; a su servicio por toda la eternidad si así lo prefiere.
Inmediato rompí en carcajadas y el me siguió, con una risa que dejaría a cualquier ser pasmado por su belleza.

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